LA BENDICIÓN DE SER PROCESADOS
LA BENDICIÓN DE SER PROCESADOS El pequeño grillo saltaba alegre entre los nenúfares y lotos, trepaba por entre los juncos sin detenerse a mirar y escuchar a su preocupada madre, que le imploraba detenerse y regresar. Llevaba días resguardado en su casa por un fuerte resoplido en su interior, que no veía la hora de escapar y disfrutar de la belleza del lago. Pero esta belleza tan solo la pudo disfrutar por poco tiempo. En un instante, sus patas resbalaron y un vuelco dio hacia las profundidades de las oscuras aguas. Su madre, angustiada, corrió en su auxilio. Lanzando un lazo de raíces al fondo, logró asir a su pequeño retoño. Tiró con gran fuerza y a la luz lo devolvió. El pequeño transgresor lloró sin cesar, y en medio de su pesar juró obedecer. Su madre una sacudida y reprensión fuerte le dio, sin atender a las voces vecinas que clamaban indulgencia para el menor. Este desatino del pequeño grillo lo llevó a estar días bajo mantas y encerrado en el orificio de un tronco, pues el resop...