¿QUÉ VEMOS?

 

Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad! (Mt 6:23)

¿QUÉ  VEMOS?

Estar "sano" es un tema significativo en los últimos tiempos, donde la figura física ha tenido el máximo reconocimiento. Estar saludable físicamente requiere de rutinas como una dieta equilibrada, hábitos de sueño saludables, actividad física constante y consulta regular al médico. Un cuerpo sano se relaciona con tener salud, es decir, no estar enfermo. La ejercitación regular lleva al cumplimiento del objetivo que es mantener un buen estado físico; sin embargo, la exigencia exacerbada genera el deseo de más cantidad de bienestar. El sistema hormonal hace su tarea con precisión y está atento a nuestras demandas. En este caso, las del placer, dopamina y serotonina, al ser estimuladas en exceso, incrementan los estándares normales, por lo que requiere de más dosis para satisfacer la demanda. Si el sentido de estar "sano" se pierde, es porque hay nuevas perspectivas guiadas por la presión hacia la perfección. Se redireccionó buscando un nuevo orden que viene a desequilibrar el estado mental, físico y social. Satisfacer nuestra propia demanda y la de otros, fuera de los parámetros normales, incrementa el estado de satisfacción, pero a su vez decrece el proceso de mejorar saludablemente por alimentar los ojos ajenos y los nuestros.

"Para John, lo que empezó con unas sencillas rutinas de ejercitación, cuando llegó su jubilación, con el paso del tiempo cambió. Las rutinas cortas se convirtieron en extensas y constantes, lo que incrementó el deseo de no estar quieto. Participaba en certámenes de atletismo, pesas y ciclismo. Imparable fue su vida, como imparable fue el incremento de los niveles de su sistema interno. Hasta que colapsó, terminando así en la UCI, por  un accidente cerebrovascular (ACV). Él veía lo que sus ojos querían ver, "sano", y lo que otros lo incitaban a hacer con sus halagos, pero en su interior, una enfermedad se desarrollaba de forma sutil. Pasó por alto este importante detalle, lo que lo llevó a dejar lo que exaltó por tanto tiempo". "No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser." (Pv 3:7-8)

"...El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón."(1Sm 16:7). Las Sagradas Escrituras, en diversos pasajes, ponen en la disyuntiva el caminar del creyente. Dos caminos, dos señores, vida o muerte, derecha o izquierda, "sano" o "enfermo". En esta ocasión, hace alusión a los ojos como la "Lámpara del cuerpo". En algunos, son "la ventana del alma",  otros han creado bellos escritos con base en ellos "Cerré los ojos y todo el mundo cae muerto; abro los ojos y todo nace de nuevo", pero para el Señor son  esenciales en el proceso de santificación del creyente. "El mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos." (Sal 18:8)

Médicamente, los ojos enfermos pueden distorsionar la realidad; la imagen ya no es la misma. Por ejemplo, en los ojos con cataratas el cristalino se torna opaco, la visión se vuelve borrosa, se presenta sensibilidad a la luz y los colores pierden su intensidad. Si los ojos físicos se ven afectados por una enfermedad, es mucho más grave cuando los ojos espirituales están "enfermos", dado que son el lente o filtro con los cuales vemos el mundo como Dios desea que lo veamos.  Un diagnóstico correcto, que revela la condición de nuestros "ojos", es  cuando incluimos en lo que percibimos, lo que no debemos ver y nos causa placer, sin importar lo que nos dice Dios. Vemos de forma egoísta, para satisfacer nuestros deseos, aun los más irracionales, sin importar los efectos eternos, "pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos" (2 Cor 5:7)

Al afectarse la visión, lo que vemos está lejos de la realidad. Vemos, sin ver, y caminamos como ciegos en la oscuridad del mundo. Los sentidos, el alma y la mente se insensibilizan, ya no hay temor, preocupación o remordimiento. Se normaliza lo que trae la culturización y hacemos de la inclusión una forma de solidarizarnos con el pecado. Es algo similar a lo que sucede con la alimentación, consumimos todo lo que se nos ofrece, así nuestro estómago se vuelve un vertedero de basura, sin considerar, las advertencias y las consecuencias. Asimismo, si permitimos que por nuestros ojos pasen todo tipo de imágenes, estamos bloqueando la luz de la verdad espiritual cayendo en oscuridad interior, la cual está llena de maldad. Si los ojos se enferman no hay filtro de percepción. Todo tipo de luz entra con libertad, oscureciendo nuestra alma, lo que terminará en "ceguera" o tinieblas espirituales. "Porque nada de lo que hay en el mundo -los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida- proviene del Padre, sino del mundo" (1 Jn 2:16)

Inmensas "cataratas espirituales" invaden nuestra visión, cuando somos incapaces de discernir entre el bien y el mal. Nuestra capacidad de percepción está afectada al grado de ver el mundo de manera incorrecta. Llegamos a amar el mundo intensamente, que otra forma de abordarlo nos irrita, a tal punto que la Verdad, el amor, la gracia y la luz de Dios quedan ocultas bajo el tapete de la indiferencia. Obnubilados, nos movemos en medio de una oscuridad que abrazamos con fuerza. Nos aferramos a esa "luz sombría y dañina" con tal ahínco, seguros de que la felicidad, la seguridad y el propósito para nuestra vida está allí. Sin considerar que es una forma de evadir la verdadera realidad, así no se altera nuestra propia verdad y nos asegura la permanencia en el cómodo sillón de nuestros deseos y voluntad, "...penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón". (Heb 4:12)

Sin embargo, el Señor Jesús nos trae a la realidad en el Sermón del monte; Selah: "Tu ojo es como una lámpara que da luz a tu cuerpo". Una lámpara es una fuente de luz que puede iluminar todos los espacios de una habitación; en este caso, Jesús utiliza este simbolismo para dejar claro que a través de los ojos penetra la luz que iluminará todo nuestro cuerpo. La pregunta sería: ¿qué tipo de luz entra a través de nuestros ojos? ¿Qué vemos? Si los ojos están "enfermos",  la vida de la persona estará sumida en la oscuridad. En consecuencia, lo que percibe y su resultado determina la forma en qué alimenta su espíritu, y si los ojos están "malos", ¿qué calidad de luz tendrán? La realidad será distorsionada y la vida será envuelta en "tinieblas". La oscuridad será tan fuerte, que la Luz de la Verdad no puede tener acceso. "...cuando tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad" (V23)

"Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está lleno de luz". Si el ojo está sano, no hay "basuras" que opaquen o ensucien la lente espiritual. Por consiguiente, nuestros ojos espirituales están orientados, de manera correcta, hacia la Luz, "Yo soy la Luz del mundo" (Jn 8:12a). Nuestro espíritu mira y se conecta con el Señor en todo tiempo. Disfruta de su compañía y se goza en Su presencia. No existirá oportunidad ni deseo de mirar en otro sentido, donde están los contaminantes del espíritu. Sí, "ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí" (Gál 2:20b), entonces es Él quien dirige, por medio de Su Espíritu, lo que vemos, hacemos y hablamos. Vemos a través de Cristo, caminamos siguiendo sus huellas, respiramos Su aliento, hablamos Sus palabras, y así seremos llevados por el sendero de la verdadera Luz. "Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti" (Pv 4:25)

Con esta enseñanza, el Señor Jesús llama nuestra atención con el fin de que evaluemos el estado de nuestros "ojos". ¿Qué vemos? Es determinante para nuestra salud espiritual. Centrar nuestra mirada en las cosas terrenales traerá cada vez más oscuridad a nuestra vida, "no acumulen para sí tesoros en la tierra... Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo... porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (V19-21). Somos conocedores de que lo material que necesitemos se nos serán añadidas (Mt 6:33). Sin embargo,  en ocasiones, llevados por nuestra voluntad y los afanes diarios, intentamos vivir sirviendo a dos señores, alejando nuestra mirada del propósito eterno, "pero ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro,..." (Mt 6:24).

¿Qué vemos? ¿En qué estado se encuentran nuestros ojos? Una enseñanza que lleva a reconocer la calidad de la vida cristiana del creyente. Jesús, de manera clara nos dice, que si nuestros ojos están "enfermos", el interior de nuestro cuerpo también lo estará. Pero, si nuestros ojos están sanos, en nuestro interior "correrán ríos de agua viva" (Jn 7:38). La luz del mundo vive en nosotros, y esa Luz será reflejada en todo nuestro ser. Somos de Cristo, pertenecemos a Cristo y su luz abrazamos con fuerza. Esa misma luz será compartida y enseñada para que otros amen la verdadera luz. Aquella que un día nos "llamó de las tinieblas a su luz admirable;...", (1P 2:9) la Luz que brilló una noche silenciosa y oscura en el Calvario. Esa Luz maravillosa, Cristo Jesús,  es la que nos ha permitido tener acceso al reino del Padre. "... nadie viene al Padre, sino por mí". (Jn 14:6)

Hoy, con total seguridad, podemos decir, nuestros ojos están sanos porque un día cualquiera, la gracia de Dios trajo luz a nuestras vidas. En consecuencia, vivimos para agradar y honrar su Santo Nombre. Gracias, Señor Jesús, porque cuando veía a través de la "enfermedad" de mi alma, mis ojos no podían reconocer tu rostro. Pero trajiste sanidad a mis ojos, y ahora mi espíritu te ve, y se maravilla al ver la hermosura de tu rostro, la grandeza de tu poder y los tesoros de tu Palabra. ¿A dónde podría ir si me faltaré tu luz, pero hasta dónde llegaré siguiéndola? Solo Tú iluminas mi caminar, fuera de Ti solo hay "oscuridad". Ayúdanos a tener ojos sanos para deleitarnos en tu voluntad y en las verdades de tu Palabra, para que nuestra vida sea un fiel testimonio de tu amor y bondad, "...Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". (Jn 8:12)

A mi amado Salvador, que es la luz de cada amanecer y el deleite de nuestro corazón, sea la gloria y la honra. Amén.

👉QUIERO VERTE


* Que el Espíritu Santo descubra sus ojos espirituales para ver el maravilloso corazón de nuestro Soberano Dios.

Que el Señor  le bendiga.

Psicóloga Educativa Infantil Cristiana
Estudiante de Teología Reformada
“"Tu amor me encontró"

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