¿EL FIN LO AMERITA?
Han van Meegeren, fue un pintor neerlandés, tras ser rechazado como artista clásico, se convirtió en uno de los falsificadores de arte más famosos de la historia. Movido por el resentimiento hacia los críticos, decidió demostrar que los "expertos" no sabían tanto. Durante años perfeccionó una técnica para imitar a Johannes Vermeer, pintor del siglo XVII. Incluso logró que su obra La cena de Emaús, atribuida a Vermeer, fuera considerada auténtica por críticos y museos. Durante la segunda guerra Mundial vendió un falso Vermeer a Hermann Göring, la mano derecha de Hitler, a cambio de obras de arte saqueadas. Al terminar la guerra, fue arrestado por traición. Para evitar la pena de muerte por traidor, confesó: "No vendí un Vermeer; yo pinté ese cuadro". Como nadie le creyó, pintó otro frente a las autoridades. Finalmente fue condenado por falsificación y fraude, no por traición. Irónicamente, obtuvo el reconocimiento que buscaba, pero no como artista original, sino como falsificador. Hoy, sus obras "falsificadas" se exhiben en museos como obras de "Han van Meegeren pintando como Vermeer". Al final obtuvo el reconocimiento que quería, pero como falsificador, no como pintor original.
«Yo, el SEÑOR, sondeo el corazón y examino los pensamientos,para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras» (Jr 17:10)
En ocasiones, las personas, en su afán de avanzar o alcanzar méritos espirituales o terrenales, recurren a medios incorrectos —materiales y personales— para obtener "recompensas", ya sean de Dios o del hombre. Parten de la idea de que lo importante es el resultado, no el camino para llegar.
Por ejemplo, mentir para conseguir un beneficio y justificarlo diciendo: “el fin lo amerita”, es validar una acción incorrecta porque el resultado parece bueno. Sin embargo, lo correcto no se construye con medios incorrectos.
Con este tipo de pensamiento y acciones incoherentes, se intenta agradar a Dios, creyendo que las buenas obras compensarán el camino errado, pero olvidan que el Señor conoce el corazón del hombre y sabe qué medios se han utilizado para buscar Su favor o el de los demás: «Ustedes les encanta aparecer como personas rectas en público, pero Dios conoce el corazón» (Lc 16:15).
Por eso, la Escritura es clara: «de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra» (Gál 6:7).
Dios evalúa tanto el resultado como el proceso. Presentar ofrendas a Dios sin considerar Sus principios éticos y morales es caer en desobediencia e irreverencia hacia Su verdad. "Asegúrate de que la luz que crees tener no sea de oscuridad» (Lc 11:35). El Señor examina tanto el origen de lo que ofrecemos como la intención del corazón con la que nos presentamos ante Él.
«Pero lo hombres malos e impostores irán de mal en peor,
engañando y siendo engañados» (2 Tim 3:13)
Para entender este principio, es necesario considerar el contexto. En 2 Samuel 1:1-16, David recuerda cómo reaccionó cuando alguien le anunció la muerte de Saúl esperando recompensa. En lugar de premiarlo, lo mandó a ejecutar, porque había atentado contra el "ungido del Señor". Aquel hombre creyó que el resultado —la muerte del rey y el aparente beneficio para David— justificaría su acción. Estaba equivocado.
David esperó aproximadamente 15 años desde que fue ungido hasta ser rey de todo Israel. Durante ese tiempo fue perseguido, rechazado y vivió en constante peligro. Incluso tuvo oportunidades para matar a Saúl, pero no lo hizo. Entendía una verdad fundamental: si Dios promete, no es necesario forzar el cumplimiento. No se peca para "ayudar" a Dios.
Aunque la muerte de Saúl abría el camino al trono, David rechazó cualquier medio injusto. La traición, el engaño y la desobediencia nunca son caminos válidos para alcanzar un resultado "favorable".
Esto sigue siendo aplicable hoy. Se puede alcanzar una meta —un empleo, un logro, una posición—pero si se obtiene mintiendo, manipulando o perjudicando a otros, ese resultado no es verdaderamente bueno, aunque se intente justificar.
«La gente puede considerarse en lo correcto según su propia opinión,
pero el Señor examina el corazón». (Pv 21:2)
El relativismo hace creer que se puede buscar o agradar a Dios a nuestra manera, justificando medios incorrectos bajo la idea de que "el fin lo amerita", como si todo fuera válido porque su gracia nos cubre. Sin embargo, Dios es absoluto, sin dependencia externa ni restricciones de tiempo y espacio. Sus principios no cambian ni se negocian, «Yo soy el que soy» (Éx 3:14a). Por ello, ningún acto deshonroso puede convertirse en una ofrenda agradable delante de Él.
No podemos adelantarnos al plan ni a los tiempos de Dios. La impaciencia y hacer nuestra voluntad lleva a utilizar medios que no honran al Señor, y lo que parece una solución termina produciendo atraso y frustración.
«El sacrificio de los malvados es detestable y,más aún, cuando se ofrece con mala intención.» (Pv 21:27)
Hoy no basta con decir que buscas o caminas con Dios; la pregunta es cómo lo estás haciendo. De igual manera, sucede en la vida cotidiana, de qué manera honras a Dios con tus decisiones. Vives para justificar los medios, así sean inapropiados, o sigues las instrucciones de Dios para dar respuesta a tus deseos.
«Estudia constantemente este libro de instrucción...para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito» (Jos 1:8)
El Señor nos exhorta a buscar la dirección del Espíritu de Dios. Porque al final, no será recompensado quien llegue más rápido o utilizando medios aparentemente apropiados...sino quien llegó conforme a la voluntad de Dios.
Avanzar guiado solo por las emociones, las ideas o la presión de las circunstancias requiere de un detente. Hay un camino mejor: el de la voz del Espíritu, que guía con verdad, corrige con amor y conduce a la vida.
Haz un alto. Guarda silencio. Dispón tu corazón.
Antes de decidir, antes de actuar, antes de avanzar, pregúntale al Señor. Permite que su Espíritu ordene tus pasos, alinee tus pensamientos y purifique tus motivaciones.
No se trata de hacer más, sino de hacer lo correcto conforme a Su voluntad. Es necesario purificar los medios para que el fin esté alineado con la bendición de Dios, ya que Su voluntad siempre será , e«buena, agradable y perfecta».
*Señor Dios,
Hoy me acerco a Ti reconociendo que muchas veces
he caminado guiado por mis propias decisiones,
mis emociones y mis deseos,
sin buscar verdaderamente Tu dirección.
Perdóname por cada vez que he querido
alcanzar resultados sin considerar Tus caminos,
por intentar avanzar sin depender de Tu Espíritu
y por justificar lo incorrecto en mi vida.
Hoy me rindo delante de Ti.
Entrego mi voluntad, mis planes y mis motivaciones.
Examina mi corazón, corrige lo que no te agrada y
alinea mi vida con Tu verdad.
Espíritu Santo, guíame.
Enséñame a escuchar Tu voz,
a obedecer sin resistencia y
a caminar conforme a Tu voluntad,
aun cuando no entienda el proceso.
No quiero solo llegar, quiero llegar bien,
contigo y a Tu manera.
y que fuera de Ti no hay bien para mí.
en el nombre de JESÚS. Amén.
*Que el Espíritu de Dios le guíe a vivir una vida alineada con el propósito que Él tiene para usted.
El Señor te bendiga.

Comentarios
Publicar un comentario