COLAPSO YO, NO SU FIDELIDAD
porque Él cuida de ustedes" (1Pedro 5.7)
COLAPSO YO, NO SU FIDELIDAD
La
serpiente avanzaba hacia su dirección con tal sutileza que parecía prolongar el
tiempo de sufrimiento. Nada la apresuraba, nada la intimidaba. Tenía asegurada
su cena del día —pensaba Teo.
La
angustia hizo que papá iguana olvidara quién era. Entonces, un rayo de sol
penetró por las grietas del hojarasco donde se encontraba. La luz lo devolvió a
la realidad y calentó su cuerpo frío por el miedo. (...)
De
pronto, observó claramente a su enemiga acercarse cada vez más.
Sin embargo, su objetivo era otro:
un pequeño roedor que corría desesperado entre las hojas. La serpiente cambió de dirección.
Teo comprendió entonces algo importante:
el peligro siempre acecha, pero muchas veces el temor nos hace olvidar quiénes somos, llevándonos a rendirnos sin luchar.
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios;..." (Sal 42.11).
El ser humano es acechado por todo tipo de amenazas. Los acontecimientos que producen sufrimiento llegan en distintas formas y alteran el curso habitual de la vida. Muchas veces hacen que la persona permanezca en alerta constante y actúe a la defensiva, aun en momentos de tranquilidad. Es una carga que supera los límites de la fuerza humana y causa alteraciones en el cuerpo, las emociones y la vida espiritual.
La primera carta de Pedro estaba dirigida a los creyentes, hermanos en la fe, "expatriados y dispersos" en Asia menor, "a los elegidos por Dios que viven como extranjeros" 1P (1:1), quienes atravesaban persecuciones y pruebas. Pedro los exhortaba a permanecer firmes en la fe, perseverando en fidelidad y convicción, recordándoles que habían sido elegidos desde antes y limpiados con la sangre de Cristo (V2).
Porque de él mana la vida." (Pv 4:23)
"Dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y actitudes" (Ef 4:23 NTV)
El Señor conoce nuestras limitaciones; por eso ofrece principios de paz, descanso y renovación mental. Sin embargo, esto se alcanza a través de una confianza genuina con Él.
En ocasiones se tiende a sobrestimar la capacidad humana, cayendo en un laberinto sin fin, donde pareciera que la salida está cerca, pero mientras que se avanza, más distante parece. Las fuerzas se agotan y el cuerpo recibe las consecuencias de ese esfuerzo excesivo. Por otro lado, subestimar nuestras capacidades nos sumerge en un estanque de aguas quietas, donde cada día se vuelve igual al anterior y los talentos dados por el Señor se pierden en la inactividad, produciendo estancamiento y bajo rendimiento.
y no te apoyes en tu propia inteligencia." (Pv 3:5)
La tensión, la angustia, el estrés y la opresión que bloquean las reacción e inhabilitan una correcta toma de decisiones son señales de alerta que evidencian la necesidad de tomar medidas urgentes. Estos cambios requieren atención e intervención inmediata, y de ello la Palabra de Dios nos habla de manera constante.
"No se preocupen por nada;
en cambio, OREN POR TODO.
Díganle a Dios lo que necesitan
y denle gracias a Dios por todo" (Fil 4:6)
Asimismo, Pedro exhorta:
"humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios..." (1P 5:6),
Humillarse es reconocer nuestra pequeñez, nuestra absoluta necesidad de Dios y la necesidad de arrepentimiento por el pecado. Es reconocer también la grandeza y el poder de Dios, quien prometió no dejarnos solos.
La Escritura enseña de forma práctica: Elías colapso bajo un enebro y pidió morir (1R 19). Colapso Elías no la fidelidad de Dios. David colapso en Siclag cuando perdió todo (1S 30:6), pero "David se fortaleció en Jehová". Colapso David, no el pacto de Dios. Jesús se quebrantó en Getsemaní al punto de sudar sangre. "Pero no se haga mi voluntad". Su alma fue angustiada, pero el plan de Padre permaneció.
yo te libraré y tú me responderás." (Sal 50:15)
Hoy es tiempo de soltar el peso que ha estado cargando y ponerlo delante del Señor en oración. Humíllese bajo Su poderosa mano, confíe en Su cuidado y camine cada día dependiendo de Él. Porque quien deposita sus cargas en Dios descubre que Su gracia siempre será mayor que cualquier aflicción.
No lo pienses dos veces. En los momentos de agitación del alma, recuerde y repita lo que Dios dice: “No se inquieten por nada”. Pídale que Su tranquilidad y Su quietud llenen su vida, porque ese es el primer paso para poder pensar con claridad. Luego, “díganle a Dios lo que necesitan” (v. 6b) y, con humildad, agradece por lo que tienes y aun por lo que no tienes: “denle gracias por todo lo que ha hecho” (v. 6c). Así reconocemos cuán vulnerables somos y cuánto necesitamos de Él.
El mayor deseo del Señor es que vivamos en paz y alegría, alineados con Su santos mandamientos. Por eso nos invita a poner nuestras cargas en Sus manos, para que seamos libres para amarlo, adorarlo y cumplir Su voluntad.
Oh, amado Señor, maravillosas son Tus Palabras, que traen paz a mi abatido corazón.
Cuando medito en cada uno de Tus dichos, mis pensamientos guardan silencio solo para escucharte hablar. Anhelo oír de Tus labios cuánto me amas, saber que soy Tu especial tesoro y descansar en la certeza de que todo estará bien.
Guárdame bajo Tus alas, para que la tranquilidad llene mi corazón. Sé que todo lo que has preparado para mí supera mis expectativas terrenales; por eso me afano cuando pierdo de vista Tu presencia. Reconozco mis limitaciones, pero también sé que Tú cuidas de nosotros con amor y fidelidad.
Hoy pongo en Tus manos todo aquello que me hace colapsar, para vivir en la libertad de quien confía plenamente en Ti y así cumplir mi mayor deseo: vivir para alabarte, honrar Tu Santo Nombre y hacer sonreír Tu corazón.
En el nombre de JESÚS. Amén.
** Que el Espíritu de Dios te guíe a tierras de paz y tranquilidad.
Dios te bendiga.
"Mi alma reposa, porque sólo en Ti he decidido confiar" (Gracia)

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