TODO PASARÁ
"Y tras el terremoto un fuego;
pero Jehová no estaba en el fuego.
Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
(1 Reyes 19:12)
TODO PASARÁ
"Después de unos minutos, Dido extendió sus alas.
Una vez.
Dos veces.
Y finalmente levantó el vuelo.
Su familia voló detrás de él. Lina y su mamá los observaron hasta que desaparecieron en el cielo.
La mamá tomó la mano de Lina y le dijo:
—Dido llegó cuando nuestro corazón estaba muy triste. Nos recordó que, aunque existan días oscuros, Dios puede ayudarnos a encontrar nuevamente la luz.
Desde entonces, Lina y su mamá volvieron a visitar la tumba de su papá. Llevaban flores para recordarlo con amor.
La habitación que antes permanecía oscura ahora estaba llena de luz.
Y cada vez que escuchaban el canto de las aves en el cielo, levantaban la mirada y daban gracias a Dios."
Una vez.
Dos veces.
Y finalmente levantó el vuelo.
Su familia voló detrás de él. Lina y su mamá los observaron hasta que desaparecieron en el cielo.
La mamá tomó la mano de Lina y le dijo:
—Dido llegó cuando nuestro corazón estaba muy triste. Nos recordó que, aunque existan días oscuros, Dios puede ayudarnos a encontrar nuevamente la luz.
Desde entonces, Lina y su mamá volvieron a visitar la tumba de su papá. Llevaban flores para recordarlo con amor.
La habitación que antes permanecía oscura ahora estaba llena de luz.
Y cada vez que escuchaban el canto de las aves en el cielo, levantaban la mirada y daban gracias a Dios."
Fragmento Tomado del Diario Lector - Es Su Gracia
Porque habían aprendido algo importante:
Hay momentos en los que podemos sentirnos cansados, tristes o sin fuerzas. Incluso podemos pensar que ya no podemos seguir adelante. Pero Dios no nos abandona en esos momentos. Él puede ayudarnos por medio de personas, pequeños detalles y nuevas razones para tener esperanza.
Esta verdad también la encontramos en la historia del profeta Elías:
"Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida"(1R 19:3a)
Cuando el miedo nos hace huir.
Huir es una respuesta natural ante una situación que percibimos peligrosa. Cuando sentimos miedo, nuestro cuerpo se prepara para protegernos. Podemos luchar, huir o intentar escondernos.
A veces queremos escapar de un peligro físico; otras veces queremos alejarnos de una situación que nos produce dolor, tristeza, frustración o angustia.
Elías también huyó.
Después de experimentar una gran victoria delante del rey Acab y demostrar que el Señor es el Dios verdadero, recibió una amenaza de muerte de parte de Jezabel.
El hombre que había visto caer fuego del cielo ahora estaba aterrorizado.
El profeta que había enfrentado a los profetas de Baal ahora corría para salvar su vida.
Elías conocía el peligro. Conocía lo que Jezabel había hecho contra los profetas del Señor y temía convertirse en la próxima víctima.
Por eso huyó al desierto.
Pero el miedo no llegó solo. También apareció el cansancio y una profunda tristeza.
"Se internó en el desierto y, después de caminar todo un día,
se sentó a descansar debajo de un enebro.
Con deseos de morirse, y dijo: ¡Estoy harto, Señor!(...) ¡Quítame la vida!" (1 Reyes 19:4)
Elías estaba agotado física y mentalmente. Había enfrentado una gran batalla y, después de la victoria, llegó una amenaza que lo hizo sentir que todo estaba perdido.
A veces ocurre algo parecido con nosotros.
Podemos pasar por una pérdida, un fracaso, una decepción, una enfermedad, un problema familiar o una situación que nos llena de temor.
El cansancio y la tristeza pueden hacer que nuestro panorama se vuelva oscuro y que dejemos de ver las posibilidades que todavía existen.
Sentir miedo o tristeza no significa que hayamos dejado de amar a Dios. Significa que somos humanos y que necesitamos recordar que no estamos solos.
El problema aparece cuando permitimos que el miedo tome el control y nos haga olvidar quién está con nosotros.
Elías se alejó, caminó por el desierto y terminó refugiándose en una cueva.
La cueva parecía un lugar seguro.
Allí nadie lo veía. Nadie le hacía preguntas. Nadie podía perseguirlo.
Pero esconderse no solucionó lo que estaba pasando en su corazón.
"¿Qué haces aquí, Elías?" (1 Reyes 19:9)
Dios sabía dónde estaba Elías. No le hizo esta pregunta porque desconociera su ubicación. Le estaba dando a Elías la oportunidad de expresar lo que había en su corazón.
Elías respondió que había servido al Señor, pero que el pueblo había abandonado el pacto y que él sentía solo.
Había una enorme distancia entre lo que Dios estaba haciendo y lo que Elías alcanzaba a ver.
Entonces Dios le dijo:
"Sal y ponte de pie en el monte delante del Señor"
(1 Reyes 19:11)
Sal. Ponte de pie. Y permanece delante del Señor.
Elías había entrado a una cueva buscando protección.
Ahora Dios lo invitaba a salir. No para castigarlo. No para avergonzarlo. Sino para encontrarse con él y mostrarle que todavía estaba presente.
Cuando cambia nuestra posición cambia nuestra perspectiva.
Dentro de la cueva, Elías veía su miedo. Fuera de la cueva, delante del Señor, podía comenzar a mirar nuevamente desde la perspectiva de Dios.
Eso no significa que los problemas desaparezcan inmediatamente. Significa que dejamos de enfrentarlos solos.
Entonces ocurrió algo extraordinario.
Primero vino un viento fuerte que partía las montañas y quebraba las rocas. Pero el Señor no estaba en el viento.
Después hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto.
Después vino un fuego. Pero el Señor tampoco estaba en el fuego.
Y después del fuego llegó:
"Un silbo apacible y delicado" (1 Reyes 19:12)
Y allí Elías reconoció la presencia del Señor.
¡Qué hermosa enseñanza!
Muchas veces pensamos que Dios está solamente en aquello que hace mucho ruido, en los grandes acontecimientos, en los milagros extraordinarios o en aquello que podemos ver con nuestros ojos.
Pero Dios también se hace presente en el silencio.
En la quietud. En una palabra. En una conversación. En un abrazo. En una persona que llega en el momento preciso. En una nueva oportunidad.
En esa paz que aparece cuando todo alrededor parece estar en caos.
Dios estaba con Elías cuando tenía miedo. Estaba con él cuando estaba cansado.
Estaba con él en el desierto. Estaba con él en la cueva.
Y también estaba con él cuando volvió a ponerse de pie.
Todo pasará.
Elías había vivido una gran victoria, pero después llegó la persecución.
La persecución pasó.
El miedo pasó.
El cansancio pasó.
La cueva pasó.
El terremoto pasó.
El fuego pasó
Pero Dios permaneció.
Hoy el Señor nos recuerda, que todo pasará.
Habrá días difíciles, pero pasarán; Habrá momentos de tristeza, pero pasarán; Habrá temporales de miedo, pero pasarán; habrá situaciones que hoy parecen imposibles, pero también pasarán; No todo lo que vivimos permanece para siempre.
Lo que sí permanece es Dios.
Y con Él a nuestro lado, lo difícil pasará.
Por eso cuando atravesamos una tormenta, no debemos construir una nueva vida únicamente sobre lo que sentimos o sobre lo que vemos. Debemos construirla sobre la Roca fuerte e inextinguible, CRISTO.
Él mismo nos recuerda:
"Sean fuertes y Valientes. No tengan miedo ni sientan pánico (...)
porque el Señor su Dios siempre los acompañará;
nunca los dejará ni los abandonará" (Deu 31:6)
Elías entró en la cueva pensando que todo había terminado. Pero Dios le mostró que aquella no era su última palabra.
Era el final de una temporada y el comienzo de otra.
Después del encuentro con Dios, recibió una instrucción:
"Ve, regresa por donde viniste" (1 Reyes 19:15)
Elías tenía que volver a caminar.
Volver a obedecer.
Volver a cumplir el propósito que Dios le había dado.
Porque cuando Dios nos encuentra en nuestra cueva, no siempre nos dice que la vida será fácil.
Muchas veces nos dice:
"Levántate. Sal. Yo sigo aquí. Ahora continúa"
Una enseñanza para guardar en el corazón.
Todo pasará.
Pasará el viento.
Pasará el temblor.
Pasará el fuego.
Pasará el miedo.
Pasará el cansancio.
Pasará la tristeza.
Pasará la temporada difícil.
Pero Dios permanecerá.
Y cuando ya no podamos escuchar el ruido de la tormenta, quizás podamos escuchar nuevamente su voz apacible llamándonos:
“Sal. Ponte de pie. Yo sigo aquí.”
Porque la historia de Elías no terminó en la cueva.
Y nuestra historia tampoco tiene que terminar en el lugar donde hoy sentimos miedo.
La cueva puede ser el lugar donde nos escondimos temporalmente,
pero también puede convertirse en el lugar desde donde Dios nos llama a salir para comenzar una nueva etapa.
Todo pasará.
Pero Dios permanecerá.
Y "su Palabra permanecerá para siempre." (Isaías 40:8)
El viento, el temblor y el fuego pasarán,
pero mi silbo apacible permanecerá.”
OREMOS JUNTOS.
Señor, cuando el miedo, la desesperanza, el cansancio
o la tristeza me hagan querer esconderme,
recuérdame que Tú sigues conmigo.
Ayúdame a salir de la cueva, levantarme y escuchar tu voz apacible.
Dame fuerzas para continuar y
fe para recordar que todo pasará.
pero Tú permanecerás siempre a mi lado.
En el nombre de Jesús. Amén.
* Que el Espíritu del Señor le fortalezca y le guíe e a vivir en la presencia de Dios en todo tiempo.
El Señor le bendiga.
Psicóloga Educativa Infantil
Dificultades de Aprendizaje en niños
Seminario: Estudiante de Teología Reformada
Es Su Gracia

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