La pandilla Mau Maus fue una de las más violentas de Nueva York en la década de 1950. Su líder más conocido, Nicky Cruz, llegó a Estados Unidos a los dieciséis años, después de una infancia marcada por el abandono, el maltrato y el rechazo. Criado en un hogar donde predominaban la violencia, el espiritismo y la brujería, creció sintiéndose sin amor y sin esperanza. En Brooklyn encontró en las pandillas una forma de sobrevivir y, por su carácter violento, llegó a convertirse en presidente de los Mau Maus.
Su vida cambió cuando conoció al pastor David Wilkerson, quien, en lugar de responder a sus amenazas, le habló del amor incondicional de Jesucristo. En uno de sus primeros encuentros, Nicky amenazó con matarlo. Sin embargo, Wilkerson respondió con una frase que marcaría para siempre la vida del joven: «Podrías cortarme en mil pedazos y esparcirlos por la calle, pero cada pedazo seguiría diciéndote que Jesucristo te ama.»
Aquellas palabras quedaron grabadas en su corazón.
Unas semanas después, durante una campaña evangelística, Nicky fue confrontado por el evangelio, se arrepintió de sus pecados y entregó su vida a Cristo. Desde ese momento abandonó la violencia, entregó sus armas, estudió teología y dedicó su vida a predicar el evangelio. Junto a David Wilkerson colaboró en el ministerio Teen Challenge, llevando esperanza a miles de jóvenes atrapados en las drogas y las pandillas.
La historia de Nicky Cruz demuestra que el origen no determina el destino. Su infancia estuvo marcada por circunstancias adversas; sin embargo, la gracia de Dios transformó su historia.
El apóstol Pablo declara: «Estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios.»(Rm 8:38a-39b)
Y el Señor afirma:
«Pues yo sé los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-,...» (Jr 29:11a)
Estas palabras nos enseñan que cada acontecimiento de nuestra vida tiene un propósito eterno. Nada ocurre porque sí. Independientemente de las circunstancias, de la rigurosidad del desierto, de lo escarpado del valle o de la lozanía del bosque, el Señor utiliza cada etapa para formar en nosotros un carácter fuerte, valiente, perseverante y agradecido; un carácter que refleje Su gloria.
El problema surge cuando convertimos una temporada en una residencia permanente. Hay personas que hacen del dolor su identidad y de la heridas su hogar. En lugar de caminar hacia la restauración, permanecen atadas a aquello que debía ser solo una etapa del proceso.
Esto se observa en Lázaro. Cuando enfermó, sus hermanas avisaron a Jesús esperando que acudiera de inmediato. Sin embargo, el Señor espero deliberadamente y dijo:
«Esta enfermedad no es de muerte, sino que es para la gloria de Dios...»(Jn 11:4).
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro. Entonces ordenó:
«Quiten la piedra» (Jn 11:39).
Marta respondió:
«Señor, ya huele mal, pues lleva cuatro días allí.»
La permanencia en un lugar de oscuridad deja marcas. Sin embargo, más dañina que la oscuridad es la costumbre de permanecer en ella. Los hábitos, la resignación y el temor pueden llegar a mantenernos encerrados mucho tiempo después de que el Señor nos ha llamado a salir.
Uno de los factores que más nos ata al pasado es la revictimización. Algunas personas, después de haber sufrido violencia, abandono o rechazo, quedan ancladas a esa experiencia y construyen toda su identidad alrededor de ella. Aunque muchos de esos mecanismos surgieron como forma legitimas de supervivencia, permanecer indefinidamente en ellos puede producir beneficios inconscientes: recibir atención, compasión, validación o protección. Sin darse cuenta, la herida termina convirtiéndose en una prisión. Pero Cristo no nos llamó a vivir identificados por nuestras heridas, sino transformados por Su gracia.
El origen de Salomón no definió su propósito. El reinado de Salomón fue uno de los más extraordinarios de la historia de Israel. Al pensar en él, solemos recordar su incomparable sabiduría, la paz que disfrutó el reino y la construcción del templo. Sin embargo, pocas veces recordamos que su historia comenzó en uno de los capítulos más dolorosos de la vida de David.
Salomón no tuvo un origen perfecto. Era hijo de David y Betsabé, una relación marcada por el adulterio y terminó con la muerte de Urías(2 Samuel 11). Humanamente hablando, su nacimiento estuvo marcado por la vergüenza, escándalo y sufrimiento. Como consecuencia del pecado de David, el Señor le anunció:
«Haré que tu propia familia se rebele en tu contra...»(2 Sam 12:11a)
Así ocurrió, Amnón violó a Tamar: Absalón asesino a Amnón y posteriormente se rebeló contra su padre intentándole quitar el reino: más tarde, Adonías también intentó usurpar el trono.
En medio de estos hechos que rodearon a Salomón, nadie habría imaginado que sería el heredero del reino y uno de los reyes más recordados de Israel. Sin embargo, mientras algunos de sus hermanos eligieron la rebeldía, Salomón permaneció cerca del Señor, siguiendo el legado espiritual de su padre.
Dios escribió una historia diferente.
Cuando llegó el tiempo señalado, Dios lo escogió para suceder a David en el trono, le concedió una sabiduría sin igual y lo convirtió en el rey más reconocido de Israel. Lo que determinó su propósito no fue la historia de sus padres, sino la gracia y el llamado de Dios.
En su gracia, el Señor le dio incluso un nombre especial por medio del profeta Natán: Jedidías, que significa "amado por el Señor". Dios veía en él mucho más que su origen: veía el propósito que había diseñado desde antes de su nacimiento.
Vemos el resultado de una vida guiada por Dios.
En 1 Reyes 3, cuando el Señor le dice: «Pídeme lo que quieras que yo te conceda.»
Salomón respondió: «Yo te pido que me des un corazón con mucho entendimiento
para gobernar este pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo.»(1 R 3:5,9a)
Dios respondió generosamente a esa petición. Por eso, en 1 Reyes 4:29 leemos:
«Dios dio a Salomón sabiduría, muchísima prudencia y una amplitud entendimiento...»
La sabiduría de Salomón no nació de sus circunstancias. Fue un regalo de Dios. El Señor tomó una historia marcada por el dolor y la convirtió en una plataforma para manifestar su gloria.
Su reino llegó a ser un reino estable, organizado y próspero. Su fama se extendió entre las naciones, porque Dios cumplió el propósito que había establecido para su vida.
La misma verdad se observa en muchos personajes bíblicos: José fue vendido como esclavo; Moisés creció lejos de su pueblo; Rahab había sido prostituta; Pablo persiguió a la iglesia y terminó siendo uno de los mayores proclamadores del evangelio; y Nicky Cruz pasó de ser líder de una de las pandillas más violentas de Nueva York a predicar el evangelio alrededor de mundo.
En todos ellos, Dios escribió una historia diferente. Como dice Jeremías:
«Son planes para lo bueno y no para lo malo,
para darles un futuro y una esperanza.»(Jr 29:11)
Tres verdades que aprendemos:
La familia no nos define. David pecó gravemente, pero el Señor levantó a Salomón. El pasado no limita nuestro llamado.El inicio de Salomón fue oscuro, pero su reinado fue luz.El propósito siempre nace de la gracia de Dios.No fue por mérito de Salomón lo que lo llevó al trono, sino la elección soberana del Señor.
La vida de Salomón, de Pablo, de José y de Nicky Cruz nos recuerda que nuestro origen no tiene la última palabra. El Señor puede tomar una historia marcada por el dolor, fracaso o la vergüenza y convertirla en un instrumento para cumplir sus planes.
No significa que el pecado no tenga consecuencias; las tuvo para David y su familia. David y su familia las experimentaron profundamente. Significa que la gracia es más grande que nuestro pasado y que Él puede escribir una nueva historia para quienes caminan conforme su voluntad.
Tu pasado puede explicar parte de tu historia, pero no determina el plan de Dios para tu vida. El pecado de otros, las heridas de la infancia, los fracasos o el lugar donde naciste no tienen la última palabra. Cuando Dios llama a una persona, su gracia es más poderosa que su origen.
El llamado del Señor es a no permitir que el pasado, las opiniones de los demás o las circunstancias del nacimiento definan nuestra identidad. Si has puesto tu vida en las manos de Cristo, recuerda que Él es especialista en transformar historias y cumplir sus propósitos por encima de cualquier circunstancia. Permite que sea Él quien escribe los siguientes capítulos de tu historia. Camina en obediencia, confía en su gracia y recuerda que el mismo Dios que transformo la vida de Salomón, de Pablo y de Nicky Cruz sigue transformando vidas hoy.
Porque, nada es porque sí. El origen nunca es más grande que Su propósito. El origen puede marcarel comienzo de la historia, pero es Dios quien escribe el final. Él no busca personas con un pasado perfecto, sino corazones dispuestos a caminar en obediencia y a cumplir Su voluntad.
Oremos:
Señor, gracias porque mi pasado no define mi destino.
Tú eres capaz de transformar mis heridas en esperanza,
"Mi pueblo ha sido destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos". (Os 4:6) ROMPE CON LA IGNORANCIA La automedicación es un ejemplo frecuente del efecto Dunning-Kruger . Muchas personas consumen medicamentos sin prescripción médica porque creen que "ya saben lo que les hace bien" . Esta confianza excesiva en su propio criterio las lleva a minimizar los riesgos y a tomar decisiones que pueden comprometer su salud. El efecto Dunning-Krugel es un sesgo de distorsión cognitivo por el cual las personas con escaso conocimiento o poca experiencia en un tema tienden a sobreestimar sus capacidades. Creen comprender una materia con suficiente profundidad cuando, en realidad, desconocen sus aspectos esenciales. En contraste, quienes poseen mayor conocimiento suelen ser más conscientes de sus limitaciones y expresan sus opiniones con prudencia...
La Ficha Que Falta " Entonces todos corrían alrededor de la mesa para ocupar sus lugares. Sobre ella había varios juegos, pero July y Tommy tenían uno favorito: un enorme rompecabezas de animales que ocupaba casi toda la superficie...Vaciaron todas las piezas sobre la mesa. —¡Vamos, July! Podemos hacerlo...Lo que antes parecía un gran desorden comenzó a tomar forma. El rompecabezas estaba casi terminado...Sin embargo, el lado que estaba armando Tommy seguía incompleto. Faltaba una sola ficha... —¡Imposible! —gritó Tommy—. ¡Está incompleto!...—Es increíble. Una pieza tan pequeña nos tiene a todos preocupados. Pero sin ella, el rompecabezas no está completo... (al día siguiente, cuando terminaron las clases) Tommy tomó la chaqueta que había dejado colgada. Cuando se la puso, sintió que algo cayó al suelo...¡No podía creerlo! Allí estaba la ficha perdida. (ya en casa) Entonces el padre les dijo: —¿Ven? Una sola pieza parecía pequeña e insignificante, pero sin ella la imagen nunca est...
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