LA REBELIÓN QUE HABITA EN MÍ



La Ficha Que Falta
"Entonces todos corrían alrededor de la mesa para ocupar sus lugares.
Sobre ella había varios juegos, pero July y Tommy tenían uno favorito: un enorme rompecabezas de animales que ocupaba casi toda la superficie...Vaciaron todas las piezas sobre la mesa.
—¡Vamos, July! Podemos hacerlo...Lo que antes parecía un gran desorden comenzó a tomar forma.
El rompecabezas estaba casi terminado...Sin embargo, el lado que estaba armando Tommy seguía incompleto. Faltaba una sola ficha...
—¡Imposible! —gritó Tommy—. ¡Está incompleto!...—Es increíble. Una pieza tan pequeña nos tiene a todos preocupados. Pero sin ella, el rompecabezas no está completo... (al día siguiente, cuando terminaron las clases)
Tommy tomó la chaqueta que había dejado colgada. Cuando se la puso, sintió que algo cayó al suelo...¡No podía creerlo! Allí estaba la ficha perdida. (ya en casa)
Entonces el padre les dijo:
—¿Ven? Una sola pieza parecía pequeña e insignificante, pero sin ella la imagen nunca estaba terminada.
Así sucede también con nuestra vida. Muchas personas intentan llenar su corazón con muchas cosas, pero siempre sienten que algo les falta. Ese espacio solo puede ser ocupado por Jesús.
(Fragmento tomado del Diario Lector- Es Su Gracia)

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá? (Jr 17:9)

Un experimento demostró cómo algunas personas son propensas a obedecer órdenes y seguir decisiones de figuras de autoridad, incluso cuando estas van en contra de sus propios valores éticos y morales. Este fenómeno puede  llevarlas a actuar de manera que, en otras circunstancias, jamás considerarían. El sesgo de autoridad puede conducir a errores y decisiones equivocadas, especialmente cuando la perdona investida de autoridad no es modelo digno de imitación. 

La rebelión de Seba contra del rey David tuvo un impacto devastador sobre el pueblo de Israel. Su espíritu rebelde lo llevó a la desobediencia y a sublevarse, formando un ejército para enfrentar al rey.

Cuando proclamó: "No tenemos parte en David", estaba negando la soberanía del rey. Al referirse a él como "el hijo de Isaí", parecía decir: ¿Cómo el hijo de un pastor cómo viene a gobernar nuestro pueblo? Con ello despreciaba la identidad y autoridad del rey.

Lo más delicado fue su llamado: "Cada uno a su tienda". Así como el tomó su propio camino, indujo al pueblo a hacer lo mismo. Se desvincularon de la autoridad del rey y cada tribu siguió su propia dirección, sin unidad, sin guía y sin sujeción a las leyes que los gobernarán.

"Todos los hombres de Israel siguieron a Seba". Siguieron al rebelde sin medir las consecuencias de sus actos. Escucharon lo que la naturaleza humana suele anhelar: independencia absoluta, rechazo a la autoridad, límites flexibles, y libertad para actuar sin sujeción. Israel se alió con quien no debía hacerlo: con un hombre de espíritu rebelde y perverso que desacreditaba la autoridad de su rey que tantas veces los había librado de sus enemigos. 

La rebelión de Seba revela cuán fácilmente el pueblo puede apartarse de su rey legítimo. También pone de manifiesto la tendencia del corazón humano a rebelarse contra la autoridad de Dios.

Con frecuencia centramos nuestra atención en quienes quebrantan las leyes humanas, sin advertir que antes ya habían transgredido las leyes divinas. El resultado de rechazar la soberanía de Dios es vivir en continua rebelión.

Bastó la voz de un hombre para que gran parte de Israel abandonara a David, el rey escogido por el Señor. La rebelión de Seba pone en evidencia la inconstancia del ser humano y su inclinación a seguir caminos apartados de la voluntad de Dios.

Porque "engañoso es el corazón MÁS que todas las cosas". Nada resulta más traicionero que nuestro propio corazón, pues está sujeto a emociones, orgullo, influencias externas y a los constantes cambios del mundo, aun cuando estos contradigan nuestras convicciones más profundas.

Es allí  donde se termina normalizando aquello que antes rechazábamos y se adopta la postura  de llamar a lo bueno malo y a lo malo bueno. 

"¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; 
que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz;" (Is 5:23)

El corazón natural está expuesto a que toda influencia externa se apropie de él y lo convierta en un depósito de maldad, incredulidad, infidelidad y toda clase de pecado. Es como una letrina que acumula cada día más y más desperdicios; tarde o temprano terminará desbordándose, afectándonos a nosotros mismos y también a quienes nos rodean.

Porque del corazón salen los malos pensamientos, 
los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, 
los falsos testimonios, las blasfemias. (Mt 15:19)

La rebelión de Seba, como tantas otras que se levantan en nuestros días, no fue solo un problema político; fue la manifestación visible de un problema espiritual. El corazón humano necesita dirección, redención y transformación. Solo Cristo puede convertir un corazón rebelde en un corazón obediente y fiel al Rey.

Seba no es solamente un personaje histórico. Es un símbolo de nuestra naturaleza caída. Nos enseña que todos tenemos un "seba interno", esa inclinación que nos aleja de Dios cuando nuestra voluntad pretende gobernar por encima de la voluntad de Divina. 

Bien lo decía el apóstol Pablo:
"Para que ya no seamos niños fluctuantes, 
llevados por doquiera de todo viento de doctrina..." (Ef 4:15)

Seba no vino de afuera. 
No era un extranjero que llegó para sembrar la rebelión en el corazón de Israel. Salió de en medio del pueblo; pertenecía a él, conocía sus costumbres y entendía su realidad. Así también ocurre con nuestro "Seba interno": nace dentro del corazón.

Podemos identificarlo cuando "el yo quiero" prevalece sobre todo lo demás. Es la manifestación de nuestra naturaleza sin Cristo.

¿Quién es ese Seba interior?
Es  el Fluctuante, hoy cree y adora, mañana duda. Como Israel con David.
Es el Desagradecido: Seba olvidó que David había unido a Israel. Nosotros también olvidamos con facilidad lo que Dios hizo ayer. 
Es el Irreverente: Gritó "no tenemos parte con David". El Seba interno dice: "No necesito a Dios para esto; lo puedo hacer solo". 
Es amante de aquello que lo aleja de Dios: Seba prefirió una la división antes que la unidad del reino. Nosotros, muchas veces, preferimos el pecado antes que la presencia de Dios.

Seba tocó la trompeta. Nosotros hacemos lo mismo cuando aparecen las excusas, el enojo, la insatisfacción o pensamientos como: "Nadie me entiende", "a mí nadie me manda", "Dios no hace nada". Entonces comenzamos a alejarnos y a buscar aquello que satisface los deseos  de nuestra naturaleza no redimida. 

Aunque esa voz no nos diga directamente que neguemos a Dios, sí nos va alejando poco a poco de Su reino.

"Enseguida la mujer se dirigió a todo el pueblo con su sabio consejo, 
y le cortaron la cabeza a Seba y se la arrojaron a Joab" (2 Sm 20:22a NTV)

A veces estamos tan acostumbrados a convivir con nuestro "Seba interno" que romper con él resulta doloroso. Sin embargo,  para Dios no hay nada imposible. Erradicarlo de nuestra vida implica conflictos y batallas que solamente pueden ser vencidas por medio de Cristo.

"Crezcamos en todo aquel que es la Cabeza, esto es, Cristo". (Ef 4:15b)

"Le cortaron la cabeza" (V22). Hay que vencerlo, Pero esto no se logra ignorándolo ni maquillando el problema. Debemos reconocerlo y admitir cuando nuestra carne está gobernando por encima de la voluntad de Dios.

Si Cristo es la Cabeza, es Él quien lo derrotará.
Será Él  quien corte la cabeza de nuestro Seba interior, no nuestras propias fuerzas. 

"Porque si viven conforme a la carne, han de morir;
 pero si por el Espíritu hacen morir las prácticas de la carne, VIVIRÁN" (Rm 8:13)

Definitivamente, la única forma de silenciar la voz de Seba es permitiendo Cristo tenga el dominio de nuestra vida. "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gál 2:20)

"Mas los de Judá siguieron a su rey desde el Jordán  hasta Jerusalén" (2 Sm 20:2b)

No todos siguieron a Seba. Muchos permanecieron fieles a su rey y decidieron quedarse con él. La diferencia entre quienes siguieron a Seba y quienes permanecieron con David radica en una sola pregunta: ¿a qué voz estás obedeciendo?

Si Cristo es tu Cabeza, tu Seba interno pierde la cabeza. 
Porque tu mayor enemigo no está afuera tocando trompeta, gritando o promoviendo la destrucción por medio de la rebelión. Está dentro susurrando: "No tenemos parte con Dios". A ese, Solo Cristo puede cortarle la cabeza.

Pablo lo afirmó:
Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; ..." (Rm 7:18)
Estaba describiendo su propio "Seba interno". Deseaba obedecer a Dios, pero la carne lo arrastraba hacia el mal. Solo Cristo viviendo en él podía darle salvación. 
"Y ustedes están completos en Él, 
quien es la cabeza de todo principado y autoridad" (Col 2:10).

Hoy el llamado del Señor no es a resignarnos diciendo: "yo soy así", "es hereditario" "es mi cultura" o "es demasiado difícil cambiar". El llamado es a reconocer que todos tenemos un Seba dentro de nosotros; una voz que intenta convencernos de que no tenemos parte con Dios
Seba fue decapitado porque dividía al pueblo. Tu Seba interior te está dividiendo por dentro.
Si reconoces que te ha llevado a la fluctuación, la rebelión, la ingratitud y la irreverencia, todavía hay esperanza.

Esa es la buena noticia del evangelio: no tienes que vivir así.
Cristo murió y resucitó para ser tu Cabeza. Pero solo te salvará cuando dejes de seguir tu voluntad y te rindes a la Suya. 
Él vino a salvarte no solamente del infierno, sino también de ti mismo; de tu inconstancia, rebeldía y de tu voluntad quebrantada.
Rendirse a Él no es un acto de cobardía, sino de valentía. 
Allí está nuestra victoria. Sin embargo sin Salvador, fluctuamos; con Salvador permanecemos. 

Hay una ficha perdida. Por eso existe tanto caos, desorden y falta de propósito en la vida del ser humano. Esa pieza faltante es Cristo, quien vino a buscar lo que se había perdido, a darnos vida nueva y rescatarnos de opresión del enemigo.
Él "decapitará al Seba interno" que nos ha mantenido esclavizados. Solo hace falta responder con fe: Sí, Señor". Entonces llegará la verdadera libertad.

En oración y humildad, dile:
"Señor,  mi Seba interno es más fuerte que yo. 
Sé Tu mi cabeza. Sálvame de mí mismo. 
Gobierna mi corazón y hazme permanecer fiel a Ti. 
En el nombre de Jesús. Amén."

VIVE EN MÍ

“La rebelión comienza cuando el corazón escucha otras voces 
y deja de escuchar la voz de Dios.” (Gracia)

* Que el Espíritu del Señor traiga paz y dirección cada día.

El Señor le bendiga.

Psicóloga Educativa Infantil Cristiana
Estudiante de Teología Reformada

Es Su Gracia

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