BRILLO INSTANTÁNEO
BRILLO INSTANTÁNEO
La naturaleza ofrece una gama amplia de especies vegetales. Para todos lo gustos y propósitos encontramos bellas plantas que, con su donaire y gracia, embellecen el entorno natural. Sin embargo, algunas de ellas, aun poseyendo gran belleza, deben permanecer alejadas del contacto humano. Tal es el laurel de montaña: una flor bellísima, pero debajo de su frágil exterior rosado y blanco se encuentran una amenaza mortal.
Esta planta posee toxinas que, al ser consumidas en proporciones altas, generan efectos simultáneos sobre el corazón: aceleran y desaceleran su ritmo hasta provocar un posible ataque cardiaco. En pequeñas dosis produce respiración irregular, salivación excesiva, pérdida de coordinación motriz y convulsiones.
Lo paradójico es que ni siquiera es necesario ingerir sus flores para estar en riesgo. Basta con que las abejas entren en contacto con ellas para que la miel adquiera sus propiedades tóxicas. Los griegos la llamaron "miel loca" y la utilizaron como arma contra sus enemigo. Se relata que alrededor del año 400 a.C., los soldados griegos fueron afectados mediante el uso de esta miel producida a partir de una hermosa, pero peligrosa, flor.
"Jehová no mira lo que mira lo que mira el hombre;pues el hombre mira lo que está delante de su ojos,
pero Jehová mira el corazón" (1 Sm 16:7)
"Dios nos llama a examinar la verdad por su contenido y fruto, no por el brillo de quien la presenta"
Generalizar a partir de una reacción, comportamiento o una experiencia vivida —sea positiva o negativa— , conduce a apreciaciones incongruentes y alejadas de la realidad.
"Examinadlo todo; retened lo bueno"
Es un llamado a discernir y evaluar correctamente, en lugar de guiarnos por impresiones superficiales. Muchas veces, el toro no es como lo pintan ni todo lo que brilla es oro.
En Hechos 17:11 vemos que ni siquiera Pablo y Silas tenían la última palabra. Los creyentes de Berea escuchaban al apóstol Pablo y aun así abrían la Biblia para verificar lo que oían. Si las palabras de Pablo eran examinadas, ¿cuanto más a cualquier otro?
"Escudriñando cada día las Escrituras para verificar si estas cosas eran así." (Hch 17:11b)
El llamado a "examinar todo", no es una invitación a la crítica ni a una sospecha exagerada, sino a un discernimiento espiritual responsable. Vivir en estado permanente de alerta puede convertirnos en jueces de los demás, olvidando que fuimos llamados a corregir, guiar y edificar desde el amor, basados en la Palabra de Dios y bajo la dirección del Espíritu Santo.
El apóstol Pablo exhortaba a los creyentes a prepararse para la venida del Señor. Entre sus enseñanzas incluyó la necesidad de examinar, no solo algunas cosas, sino todo. Comprobar la autenticidad de aquello que escuchaban los mantendría en el camino correcto. No se trataba de una mirada rápida; implicaba observar, evaluar y distinguir lo genuino de lo falso.
Con más razón era necesario hacerlo cuando los falsos maestros y profetas difundían enseñanzas contrarias al Evangelio de salvación.
"Por lo tanto, no durmamos como los demás sino vigilemos y seamos sobrios." (1 Tes 5:5).
La lucidez espiritual es una condición que se desarrolla cuando el creyente mantiene una relación continua con el Señor y permite que Su Espíritu intervenga para otorgarle discernimiento y sabiduría. Sin cercanía constante con Dios, la vulnerabilidad se vuelve habitual, y aquello que contradice Sus principios puede comenzar a normalizarse en la vida.
"Por sus frutos los conocerán..." (Mt 7:15-16)
El llamado de hoy es a estudiar las Escrituras, porque a través de ellas podemos corroborar el nivel de verdad o falsedad de aquello que recibimos. Los bereanos lo hacían aun teniendo a Pablo como autoridad apostólica. Esos significa que el mensaje debe juzgarse a la luz de la Palabra, no por apreciaciones personales, currículos o información externa.
La Escritura misma trae la luz y conduce a la verdad, no se requiere de datos adicionales. Si el contenido, el mensaje y la vida de la persona no se ajusta a ella, debe rechazarse, aunque la predique el más reconocido o la exprese el más preparado.
El Brillo instantáneo es el efecto halo en su máxima expresión. Algo impacta nuestra atención en pocos segundos: Una predicación, una frase, un testimonio, un carisma o una forma de actuar que parece alinearse con nuestros deseos y produce una especie de "dopamina espiritual". Entonces se llega a pensar: "Dios está ahí; Su Espíritu ha tocado mi vida". Pero el brillo no prueba la verdad. El oro falso también brilla.
El apóstol Pablo lo confirma:
"Y esto no debe sorprendernos,
porque hasta Satanás mismo se disfraza de ángel de luz". (2 Cor 11:14)
Ese brillo puede entorpece nuestra percepción y permitir que las emociones tomen el control. Al final nos quedamos con la impresión momentánea sin examinar el contenido profundamente. Que no nos tome por sorpresa, envenenar nuestra vida espiritual con el brillo contaminado de otros. Más adelante, cuando el brillo desaparece, surge la sensación de haber sido engañados y comienza la fe a tambalear.
"Examinad todo; retened lo bueno", no fue solo una instrucción para la iglesia del primer siglo. También es un llamado para nuestros días, donde la influencia de ideologías, mensajes e contenidos adulterados busca confundir nuestra fe.
En otras palabras: No tragues entero. Ponlo bajo la lupa.
Este es el antídoto contra el brillo instantáneo. No se trata de desarrollar una actitud paranoica ni desconfiar de todo. El principio es sencillo: Examina primero; decide después .
El propósito no es encontrar errores en todo, sino identificar aquello que tiene valor y conservarlo. Es similar a separar el trigo de la paja: no se revisa para destruir todo, sino para preservar aquello que alimenta.

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